mayoresCuando en los años 70 empecé mi formación como gerontóloga con el Dr. Mario Strejilevich la pregunta que me hacia era si la psicoterapia era aplicable a la gente de edad. Cuando en 1985 ingresé a la Escuela de Postgrado de la Asociación Gestáltica de Bs. As., tenía conmigo una experiencia de 15 años que me habían demostrado no sólo que era posible sino que una gran mayoría resultaba beneficiada con ella. En Gestalt no encontré bibliografía específica sobre el tema. Aún así – interesada en el enfoque terapéutico que la Gestalt propone decidí arriesgarme y ponerlo en práctica.

Dejé de mirar el curso de la vida como una sucesión de ciclos o etapas. Empecé a mirarla como un PROCESO que empieza con el nacer y termina con el morir. Me di cuenta que nuestra cultura occidental fragmenta dicho proceso y cuando una persona atraviesa uno de los segmentos, por ej.: la adolescencia vive en la fantasía de que ésta será eterna y no tiene conciencia de que crecer implica cambios y transformaciones. Si a esto le agregamos el temor y el rechazo a envejecer presente en nuestro mundo que se refleja en que sólo los privilegiados se acercan a ella con responsabilidad y conciencia.

También pude observar que quien ya llegó a viejo y vive en forma satisfactoria se resiste a compartir con otros porque los ve “viejos” aunque tengan menos edad. En otras edades el grupo de pertenencia significativo es el grupo de pares. Los viejos aceptan el contacto con iguales siempre y cuando se conozcan desde jóvenes. Esta situación -felizmente- ha ido cambiando con la apertura de espacios específico para ellos, en los últimos 10 ó 12 años. Cuando la vida es tan larga y uno tiene que retirarse del trabajo entre los 60 o 65 años a menos que uno sea demasiado melancólico o tenga alguna enfermedad seria, llega un momento en que tiene que salir a buscar nuevos intereses.
El enfoque Gestáltico nos proporciona recursos para ayudar en este proceso que llamo resocialización. Me ayudó mucho poder incluir en el trabajo con los mayores tratar de centrarlos en el aquí y ahora. También trabajar la polaridad joven-viejo. Muchos de ellos, viendo la diferencia entre su historia y la de sus hijos tratan, en el peor de los casos, de imitarlos y en el mejor enriquecer su vida cotidiana para no quedar a merced de ellos. Esto nos lleva también a trabajar la discriminación entre lo obvio y lo imaginario . Cuando es pertinente trabajamos otras polaridades como rigidez-flexibílidad; dependencia-independencia; impotencia-omnipotencia. Otro aspecto .fundamental es ayudar a integrar lo proyectado para hacerse cargo de la propia responsabilidad y de lo que uno elige “aquí y ahora”.
Lo anterior no impide que trabajemos también con las reminiscencias que reconstruyen y revalorizan su novela personal y permiten que se cierren las gestal ten que quedaron abiertas no permitiendo un contacto más profundo con sus posibilidades presentes.

Vivo la relación terapéutica como una “aventura” de la que somos co-partícipes. Ninguno de los dos sabe -a ciencia cierta- la ruta y los descubrimientos que nos esperan. Juntos buscamos alternativas que suponen cambios y transformaciones. A pesar de los años son personas y están vivas. Vamos a ir hasta donde ellos quieran y puedan. Se van y vuelven cuando lo necesitan. Por último, para esta nota, es recomendar a quien quiere trabajar con viejos que la tarea requiere: paciencia, amor y humor. Es muy grande mi goce cuando logro que recuperen la capacidad de reír. Con gusto responderé preguntas o aportes.

Lic. Dina Minster