adolescente-y-familiaDesde mi rol de coordinadora y docente del “Departamento de Niños, Adolescentes y Familias” (NAF), no deja de sorprenderme la dificultad que tienen los terapeutas de adolescentes respecto de la inclusión de las familias en el trabajo con los mismos.

Para referirme a ello quiero aclarar desde que premisas psicológicas lo hago.

Desde el enfoque Gestáltico nos contactamos con el adolescente tomándolo como una gestalt, una totalidad o campo unificado, en el cual interactúan su mente, sus emociones, su cuerpo físico y el medio ambiente en su momento de vida. Incluimos su pasado y su proyecto de futuro desde la incidencia en su momento actual.

El ser humano, desde que nace hasta que muere, desarrolla su crecimiento o maduración. La base de este proceso es pasar del soporte externo o ambiental al auto- soporte.

En la etapa evolutiva que llamamos “adolescencia” se dan cambios muy notables en el campo mental, emocional y físico del adolescente que lo llevan a cambios muy notorios en la interacción con el medio. Experimenta el pasaje de ser un niño que se iba desarrollando con un fuerte apoyo del medio externo, al autoapoyo.

Empieza el proceso de des-idealización de sus padres, para reconocer lo que quiere y necesita de ellos, también lo que rechaza.

Es un proceso doloroso: “lo que me decían antes era cierto, ahora todo lo cuestiono. Siento que soy grande y responsable, puedo decidir solo pero al mismo tiempo necesito que me acompañen y cuiden”. Existe una total ambivalencia.

El desarrollo físico que en el niño era potencial, en esta etapa se completa igualando las capacidades físicas del adulto, entre ellas la sexualidad.

“Puedo hacer las cosas que hacen los adultos, pero no tengo la experiencia, con lo cual no sé cómo hacer. Emocionalmente experimento miedo, inseguridad y omnipotencia”. Necesidad de experimentar; ambivalencia y muchos otros sentimientos bullen dentro del adolescente.

Los adultos que lo acompañan también experimentan miedos, ansiedades, inseguridades, cuestionamientos internos de qué y cómo hacer. Se actualizan las vivencias personales que se han tenido al transitar esta etapa y muchas veces obstaculizan el registro de las necesidades reales del adolescente actual proyectándoles las propias.

A partir de estas premisas y de mi experiencia en la clínica directa, como también en las supervisiones a terapeutas de adolescentes, puedo decir que para mi es de gran importancia incluir entrevistas con las familias, tanto en el proceso de psicodiagnóstico como en el transcurso del tratamiento del adolescente.

Desde la Gestalt trabajamos con el campo unificado y en el límite del contacto. La entrevista familiar nos permite- en vivo y en directo- develar los códigos de las mismas, los roles que cumplen, la modalidad de comunicación verbal y no verbal, las creencias (valores y prejuicios), la expresión de los afectos, las identificaciones y proyecciones, los conflictos y la posibilidad de “darse cuenta”.

Como terapeutas de adolescentes, en nuestra formación debemos trabajar con nuestra propia familia para poder incluir la familia del adolescente en forma natural en su tratamiento.