coterapiaEn las reuniones del Departamento de Grupos, surgió la necesidad de preguntamos cuáles son las condiciones que a cada uno le facilitaría la elección de coterapeuta. Estos son los resultados de nuestras conversaciones en relación a los diferentes puntos trabajados.

Aspectos personales de los coterapeutas

– ¿Qué necesita cada uno para elegir coterapeuta? Que tenga la misma actitud frente al trabajo en relación al compromiso, la responsabilidad y el deseo de compartir la experiencia grupal.  Este deseo puede contener aspectos menos organizados tales como el gusto por la otra persona, la empatía personal, el compartir la mirada, el sentido del humor, etc.

– Conocimiento profundo y exhaustivo del coterapeuta y sus experiencias vitales. Dado que en la coterapia ciertas temáticas de los pacientes van a resonar más lejanas o más cercanas en cada uno de los terapeutas según su propia experiencia de vida, este conocimiento del otro brinda la posibilidad de saber quién de los dos puede resonar más y acompañar más de cerca la problemática del paciente, o por lo contrario cual de los coordinadores necesita quedar en el fondo dado su propia vivencia con respecto a la temática del mismo.

– Compartir un aproximado nivel de capacidad para mirar/ leer con profundidad la problemática del paciente. Diferenciamos este modo, la profundidad de la densidad. Podríamos explicar la densidad como la insistencia del terapeuta, como una resistencia del terapeuta ante la resistencia del paciente; corriendo de esta manera el riesgo de convertir el espacio grupal en una sesión individual.
– Para algunos terapeutas la posibilidad de trabajar incluyendo el sentido del humor es tan importante que puede llegar a formar parte de las pautas del encuadre. Esto implica pensar el humor no sólo como una deflexión sino como un recurso posibilitador de la catarsis y propiciador del darse cuenta.

Acuerdos éticos y de valores
– Acordar con qué perfiles psicológicos de pacientes está dispuesto a trabajar cada terapeuta.
– Cuidar que el paciente que ingresa al grupo terapéutico no sea familiar o amigo de otro paciente del grupo.
– Tener criterios similares en cuanto a la distribución del dinero: honorarios, becas y planes de pago; cómo se comparten los gastos y  las ganancias.
– Manifestar a su coterapeuta cuáles son las limitaciones propias en relación a sus diques morales (Por ejemplo: imposibilidad de trabajar con violadores, torturadores, etc.)
– Haber trabajado problemas existenciales básicos: la soledad, la duda, la agresividad, la sexualidad y la muerte.

Estos son temas nodales para un terapeuta y, según Serge Ginger, han de ser trabajados en la terapia personal y en los respectivos entrenamientos de cada terapeuta. El tener más o menos claros los 5 puntos mencionados, le permite al terapeuta “manifestarse” para que el paciente pueda verse en la transparencia de él/ella. “Si nos mostramos insensibles a lo que sucede invitamos a la insensibilización del paciente” (Ginger).

 La transparencia y la solidez han de ser por partida doble, porque si existieran oscuridades y/o fisuras en el equipo coterapeutico, hay mayor probabilidad de que la patología del paciente se filtre y/o esconda en la fisura o punto ciego de los terapeutas. Ginger dice “…el terapeuta se revela para implicarse y no para explicarse”

Con la intención de abrir un espacio de reflexión acerca de todo lo que conmueve pensar en iniciar un grupo terapéutico, dejamos planteadas algunas líneas, ya que consideramos que este proceso se inicia con la formación de la pareja de coterapeutas. Continúan nuestras conversaciones en Departamento de Grupos y seguirán abriéndose preguntas.