generacion_3Trabajando con adolescentes se hizo figura la dificultad en la comunicación entre padres e hijos. Realizamos encuentros terapéuticos con adolescentes y sus familias. Observamos que lograban poner de manifiesto las dificultades en las interacciones y crear recursos para facilitarlas.

Posteriormente comprobamos en las entrevistas grupales e individuales con los adolescentes y con sus padres que la problemática central continuaba: la dificultad en la comunicación y los límites.

Sabemos desde la teoría que la adolescencia es una etapa evolutiva donde se reafirma la identidad, lo que conlleva a la discriminación con los otros miembros de la familia, fundamentalmente con los padres. Esa brecha generacional, que siempre se da en esta etapa, en estos momentos parece agravarse.

Desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad los cambios de la sociedad se precipitaron y abarcaron lo económico, social y cultural. En este artículo sólo me voy a referir al avance vertiginoso de descubrimientos tecnológicos y su incidencia en los vínculos. La invención de la computadora, celulares, MP3 generan códigos y necesidades nuevas difíciles de compartir. Los padres tienen dificultades para acompañar o entender lo que hacen o elijen sus hijos, y estos expresan sentirse no comprendidos y solos, afectando de esta manera los canales de la comunicación.

Ejemplos de diálogos:
Padre: Me enojo porque está con la compu. Chateando con sus amigos en horas tardías.
Hijo: Antes no podemos, tenemos que comer y estudiar, si no es a esas horas me quedo afuera.
Padre: Estás todo el día con el celular y vino una cuenta tremenda.
Hijo: Sos vos el que querés que lo lleve para que te avise porque decís que te da miedo que me pase algo.

Cada uno parte de modelos y necesidades de vínculos distintos.

Para tratar estas dificultades como terapeutas realizamos jornadas prolongadas con adolescentes y sus madres y con adolescentes y sus padres.

La convocatoria fue diferenciando los géneros de los padres porque nos dimos cuenta que las temáticas y dificultades no eran iguales con ambos progenitores.

Enviamos la siguiente invitación:…
Número de participantes del taller de madres: 9 madres y 9 hijos.
Número de participantes del taller de padres: 10 padres y 10 hijos.
Ambas jornadas tuvieron propuestas de trabajo en común y otras distintas, específicas a las características del género.

Propuestas de trabajo en común:

Red grupal: Realizar juegos para que interactúen y se conozcan.
Discriminar la comunicación verbal / no verbal: Propusimos ejercicios específicos para experimentar ambas comunicaciones.
Discriminar roles y funciones: Les pedimos que formaran dos grupos padres / madres y adolescentes. Cada grupo con un coordinador y en espacios separados, trabajan la conexión con sus hijos o progenitores.
Cada grupo elije las dificultades más representativas en la comunicación y las transmite en forma creativa (no contando verbalmente) al otro grupo, que se transforma en espectador.

Fue llamativo el interés, concentración, asombro que expresaba el grupo observador.

Propusimos inversión de roles y los padres representaron a sus hijos y viceversa.

Las expresiones tanto gestuales como verbales al verse representados eran continuas “¡Uy!”, “¿Soy así?”, “Es verdad”, taparse la cara, “No, no”, etc.

Hasta aquí he relatado las propuestas de trabajo en común, que se hicieron en ambas jornadas.

Propuestas diferenciadas:

Jornada con las madres:

Observamos que la predisposición desde el comienzo fue de apertura, agrado y ganas de compartir. Durante el transcurso del trabajo relatado las madres necesitaron explicar y clarificar a sus hijos que lo que decían o mostraban eran sus dificultades en la comunicación, su dolor e impotencia y que por ello no dejaban de quererlos y amarlos. Explicitaron claramente que estaban dispuestas a dialogar.
••Les pedimos que se ubicaran cada madre con su hijo / hija y que uno por vez le dijeran al otro que necesito de vos y luego que estoy dispuesto a dar.
••Hubo mucha emoción, primero expresaban reclamos y luego a medida que iban profundizando pasaron a ser necesidades. Muchas tenían que ver con el miedo, con el cuidado, con la protección y otras con la confianza, la libertad y la responsabilidad.
Cuando se abrió el espacio para que compartieran, había una comprensión y aceptación del rol del otro expresada a través de palabras, gestos, lágrimas y chistes. Terminaron abrazados y, como expresaron algunas madres, fue un encuentro de corazón a corazón.

Jornada con los padres:

En el encuentro de los adolescentes con sus padres, como el contacto verbal y físico era dificultoso, les pedimos que se ubicaran en parejas de progenitores e hijos. Luego, la consigna fue que cada chico se cerrara corporalmente lo más posible. Los papás se toman un tiempo para ver cómo se acercan. El hijo se abre o se vuelve a cerrar en respuesta a lo que le produce el acercamiento. Luego lo repiten invirtiendo los roles.
Cuando compartieron fue conmovedor ver la emoción de esos padres y la alegría y sorpresa de los hijos.
Dificultades con los límites: Les pedimos que cada uno escribiera “lo que necesito de vos”. Luego que lo compartieran y que acordaran qué está cada uno dispuesto a aceptar, que lo trabajaran en una hoja que le entregamos y que dice “Contrato de comunicación entre padre……….. e hijo ………..”. Luego que lo firmaran ambos y se lo llevaron.
Al terminar el encuentro con los padres el clima tenso del comienzo había dado lugar a expresiones de cordialidad y afecto. Como dijo un padre, de camaradería. Algunos de ellos dejaron entrever sus lágrimas.
Quería compartir con ustedes estas experiencias para que podamos reflexionar sobre la necesidad de acompañar a los padres y adolescentes a tejer una red que permita hallar formas creativas y amorosas para transitar la brecha generacional.

El trabajo grupal, en ambos casos- madres y padres con sus hijos- permite el intercambio y promueve la creatividad de encontrar modos más dinámicos y operativos de acercamiento.

Permite también la comprensión y el entendimiento al encontrarse tanto los chicos como sus padres con pares que atraviesan un momento evolutivo similar.

Todos pudieron manifestar de distintas maneras la angustia que les genera el sentirse solos y al trabajarse esta y otras emociones parecidas se puede promover el acercamiento y encuentro desde su sentir más profundo.

En esta época, la tendencia al aislamiento se manifiesta en todas su formas y estos encuentros son sumamente enriquecedores para el crecimiento del vínculo.

Fue muy nutritivo para todos, y se produce eso que es tan conmovedor, ese encuentro en donde todas las partes terapeutas incluídas – se benefician.

En términos de Martín Buber “El vínculo yo-tu se convirtió en nosotros”.

ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 39 abril 2009